“El Hombre y La Razón (existencialismo)”

I.    INTRODUCCIÓN

“La vida es muy corta para los hombres que piensan; muy larga para aquellos que en nada piensan. El tiempo pasa rápidamente cuando se está ocupado, lentamente cuando no se hace nada. La vida consiste únicamente en la acción. Sin la acción, la vida no se diferencia en nada con la muerte. Vivir ocioso no es vivir; es vegetar. Ocuparse sólo de sí mismo, es vivir a medias. Interesarse por la felicidad universal de los hombres y trabajar por ella, es vivir verdaderamente y sentir que se vive. ¡Que pocos hombres viven en el mundo y cuantos en vez de vivir vegetan! ¿Quienes viven sin vegetar? Los filósofos. No contentos con vivir para sí, viven además para los otros y a ejemplo del gran Hermes, del cual tiene la gloria de ser y decir sus discípulos, no viven sino para hacer el bien a la sociedad humana”.

Capitulo V de un pequeño Tratado de 1775 intitulado “La gran Obra develada a favor de los Hijos de la Luz”.

Contestando por su propios esfuerzos a la pregunta ¿De donde venimos?, el iniciado del primer grado es conducido a reconocer la Unidad del Principio de la Vida, la Dualidad de su manifestación en los pares de opuestos y complementarios, y la Ley del Ternario que hace fecunda esta Dualidad y reproduce al infinito esa misma Unidad en la Multiplicación de la creación.

 

Al iniciado del segundo grado análogamente le compete buscar una satisfactoria respuesta a la segunda pregunta de la Esfinge, ¿Quiénes somos?, estudiando el enigma de su propio ser bajo el triple aspecto de “producto de la evolución de la naturaleza”, de “ser individual dotado de autoconciencia y razón” y de “expresión o manifestación directa de la Vida única, hacia la cual tiende constantemente con su progreso”.

 

El Compañero se enfrenta así al precepto Socrático de Gnothi Seauton (“Conócete a ti mismo”) de los iniciados helenos, y en contestación, que debe ser individual para que sea individualmente satisfactoria, no pueden ofrecerle ninguna ayuda los diferentes dogmas y creencias, positivos o negativos, por los cuales las religiones y ciencias profanas suelen adormecer las conciencias.

 

Como en el cribo usado en la ciudad griega de Eleusis se separaban los granos amarillos del trigo (consagrados a Ceres) de las negras semillas de amapola (consagradas a Morfeo), así le compete al Compañero discernir claramente entre la clara simiente de la Verdad que conduce a la fuente de Mnemosina, la memoria o conocimiento de la Realidad, con cuya bebida se consigue la inmortalidad y la negra simiente del error que conduce al Leteo, la Fuente del olvido que produce la muerte de la conciencia, sepultada en la ilusión de la materia (en griego verdad se traduce como “no olvido”).

 

 

Definiciones:

 

  1. Hombre: “Ser animado racional”
  2. Razón:  Del latín “Ratio”: 1. “Facultad de Discurrir”, 5. “Motivo o causa”
  3. Discurrir: “Reflexionar, pensar, hablar acerca de una cosa, aplicar la inteligencia”
  4. Inteligencia: “Capacidad de entender o comprender”
  5. Acción: “Ejercicio de una potencia”.
  6. Vida: “Fuerza o actividad interna sustancial mediante la que obra el ser que la posee”.

 

Estas definiciones que nos adelantan que el hombre es un animal, un ser vivo que razona, reflexiona y lo que lo lleva a actuar (¿para que?) nos ayudaran a escudriñar en los conceptos de hombre y razón, y existencialismo que trata la presente plancha.

 

II.    DESARROLLO

 

El hombre es el objeto esencial del estudio del iniciado del 2do grado, y sus meditaciones, podrán dirigirse ventajosamente sobre las dos definiciones clásicas, una nos representa al hombre como un animal racional (homo Sapiens), y la otra como una inteligencia servida de órganos.

Los antiguos iniciados establecían que todo estaba contenido en el Universo. El universo se puede representar como un organismo que encierra a todos lo otros en una unidad orgánica. En el seno de este gran organismo, la nebulosa a la cual pertenece nuestro sistema solar, se nos aparecerá como un órgano del cual los cuerpos celestes son lo elementos constitutivos.

 

He aquí nuestro vasto globo terrestre reducido a un átomo o más bien a una célula orgánica del Cosmos verdadero (nuestra galaxia, la Vía Láctea contiene mas de cien mil millones de estrellas).

¿Qué es el hombre que se debate en la superficie de este ínfimo glóbulo sideral? ¿Qué podemos ser en relación a él? Bueno para los antiguos iniciados, la humanidad en su conjunto aparece como el órgano pensante del planeta. Todo individuo pensante sería una célula cerebral de la Tierra.

Isis, Ceres y Diana de Efeso quienes simbolizan la Tierra, revelan al pensador instruido sus misterios.

La vida

¿Que caracteriza al animal (ser viviente)? o en otras palabras ¿que es la vida? Cuestión capital del grado de compañero.

 

Vivir es sinónimo de actuar, todos lo organismos vivos viven solamente para cumplir una función.  Los profesores H. Maturana (1928 -  e.v.) y F. Varela (1946-2001 e.v.) en el Libro “El Árbol del Conocimiento”  establecen: “…el poderoso impulso biológico fundamental para cooperar con y dar la vida por nuestros semejantes, pasa tradicionalmente desapercibido en su característica primaria, esto es, de ser netamente una fuerza biológica común a todos los seres sociales, creyéndose por el contrario que es expresión de nuestra “evolución” cultural civilizada. Los impulsos altruistas, presentes desde el comienzo de nuestra vida de seres sociales (desde cientos de millones de años atrás), son la condición biológica de posibilidad del fenómeno social: sin altruismo no hay fenómeno social”.

 

El Q.H. Wirth (1860-1943 e.v.) nos indica que no vivimos sino que para trabajar. Al compañero luego del perfeccionamiento y dominio del cuerpo como aprendiz,  le toca realizar el trabajo al cual esta llamado como compañero: hacer obra de utilidad general, y ponerse al servicio de la colectividad a la que el individuo se debe.

El aprendiz permanece egoísta en el sentido que trabaja en si mismo y persigue su propio perfeccionamiento. La máxima de enseñanza jesuita “entramos para aprender, salimos para servir” explica que la caridad comienza por casa ya que a fin de poder dar, primero se debe adquirir.

El compañero no debe vivir para si mismo, debe tener una vida más amplia, que será la de sus ascendientes, de su raza, de su nación y finalmente de su especie: la humanidad.

 

En el Génesis, la serpiente seductora que incita a morder la fruta del árbol del conocimiento del bien y del mal,  simboliza un instinto particular más noble y sutil que el instinto de conservación, que hace sentir al individuo la necesidad de elevarse en la escala de los seres.

La inocente felicidad existente en el paraíso terrenal que describe el mito del Génesis, es rota por la Serpiente inspiradora que invita a tomar conciencia de los actos y a dejar el estado de automatismo irresponsable e inconsciente y de puro instinto.

Semejarse a la divinidad era el objeto de los antiguos misterios. El místico se divinizaba purificándose y elevándose moral e intelectualmente sobre el común de los hombres. En la actualidad, el masón se diviniza también, dedicándose a perfeccionar la creación dejada imperfecta.

 

La Razón

Al tener conciencia de si mismo, el ser hasta aquí puramente instintivo,  se haya fuera de un “paraíso” del que el mismo se ha expulsado y al que no podrá volver a entrar.

Ya no quiere obedecer ciegamente, es necesario que comprenda y sepa que hay que trabajar más en un sentido que en otro con la razón como guía.

Un ser no llega de golpe a razonar. Se debe instruir a sus propias expensas, pagando muy caro una experiencia que no puede adquirir sino que por si mismo.

La dificultad central del conocimiento humano esta en reconocer su naturaleza circular, lo que Maturana y Varela denominan “Tautología Cognoscitiva” (tautología es un afirmación que se validad a si misma). Así se designa al hecho que el universo de conocimientos, de experiencias, de percepciones del ser humano, no es posible explicarlo desde una perspectiva independiente de ese mismo universo. El conocimiento humano (experiencias, percepciones) solo podemos conocerlo desde sí mismo. Maturana agrega: “esto no es una paradoja, es la expresión de nuestra existencia en un dominio de conocimiento en el cual el contenido del conocimiento es el conocimiento mismo. Mas allá de eso,  nada es posible decir”.

Nuestra razón esta obscurecida porque no hemos aprendido aún a servirnos de ella. Es una claridad que a menudo ciega en vez de iluminar. Mientras estamos sometidos al instinto, nuestros actos obedecen a nuestras necesidades a las que corresponden estrictamente.  Cuando una semi razón nos guía, fácilmente nos formamos ideas extravagantes que influyen nuestra manera de obrar. Cuando el hombre toma conciencia de sus actos, su actuar se vuelve más sabio.

El Q.H. Wirth dice: “En efecto, toda la nobleza del hombre esta en la razón”.

 

El poder de reflexión consciente, es probable que nuestra milenaria ignorancia sobre sus orígenes (como se genera, como surge en la naturaleza la reflexión consciente), lo que nos ha impedido usarlo de otra manera que de arma defensiva de los propios intereses, imposibilitándonos así para utilizar la tremenda potencia del poder de la reflexión en una decidida transformación, no ya del mundo (regularidades físicas) que nos rodea, sino en nosotros mismos y en nuestras relaciones sociales. Si ante la diferencia con otro reaccionamos en el mundo profano, sellando el valor, el significado de tal diferencia, con el estigma de una divergencia cultural (o personal) que revela una incompatibilidad de fondo que no estamos dispuestos a revisar, nunca lograremos una convivencia creativa y siempre estaremos generando el rencor que se convierte en una agresivo control o en una sumisión hipócrita. Esta dinámica no tiene salida desde si misma, sino desde un plano nuevo de comprensión.

Solo cuando en nuestro ser social lleguemos a dudar de nuestra profundamente arraigada convicción de que nuestra “inamovibles” y eternas certidumbres son “verdades absolutas” (verdades inobjetables sobre las cuales ya no se reflexiona), recién entonces comenzaremos a salir de los poderosísimos lazos que la trampa de la “verdad objetiva y real” ha tejido. Inhumana trampa esta, que nos lleva a negar otros seres humanos como legítimos poseedores de verdades tan válidas como las nuestras.

Solo en la reflexión que busca el entendimiento podremos los seres humanos abrirnos unos a otros espacios de coexistencia en los cuales la agresión sea un accidente legítimo de la convivencia y no una institución justificada con una falacia racional. Solo entonces la duda sobre la certidumbre cognoscitiva será salvadora pues conducirá a reflexionar hacia el entendimiento de la naturaleza de si mismo y de los semejantes, esto es, a la comprensión de la propia humanidad.

Existencialismo

El existencialismo irrumpió en nuestro mundo contemporáneo a través de la obra multifacética del pensador francés Jean Paul Sartre (1905-1980 e.v.), el cual con talento incontestable ha sabido verter esta doctrina filosófica en tratado filosófico, novela, teatro, ensayo, conferencia y entrevista.

Esta doctrina que centra el problema filosófico (quien soy, de donde vengo y adonde voy) en torno a la existencia misma del hombre, en su contenido fundamental ya tiene raíces en los filósofos griegos Protágoras (490-420 a.e.v.) y Sócrates (470-399 a.e.v.). Los filósofos pre socráticos durante 150 años construyeron diversos sistemas interpretativos del Universo, es decir hicieron del problema filosófico un problema cosmológico. Mientras Protágoras con su “Homo Mensura” indicaba al hombre como medida de todas las cosas y Sócrates aseguraba que el hombre no es hombre ni puede llegar a conocimiento verdadero de ninguna clase sin practicar la máxima que rezaba sobre el Templo de Apolo en la isla griega de Delfos: “Conócete a ti mismo y serás como los Dioses”.

Esta relación del existencialismo con Sócrates es tal que Gabriel Marcel, otro exponente contemporáneo de esta tendencia filosófica indica que el no es un filosofo existencialista sino que es un filosofo neo socrático.

Los existencialistas modernos indican que ni la Filosofía Clásica, desde los Jonios hasta Santo Tomas, ni la Filosofía Moderna, desde Descartes hasta Hegel, han dado una respuesta satisfactoria a la pregunta “¿Qué es lo que existe?”.

La Filosofía Clásica contestaba que lo que existe es el Ser. Ser que después de los filósofos presocráticos, culminó en la Substancia aristotélica. Según esta visión existiría una realidad exterior, la Substancia, de la que el hombre participa y que el hombre puede llegar a conocer. La Filosofía Moderna, por su parte, contestaría “lo que existe es el Espíritu” (cogito ergo sum de Descartes). Este idealismo de Descartes (1596-1650 e.v.), a través de los idealismos posteriores de Berkeley, Hume y Leibnitz, alcanzaría su desarrollo lógico en la “Crítica de la Razón Pura” de E.Kant (1724-1804 e.v.) y culminaría en la filosofía idealista de Hegel (1770-1831 e.v.).

Para los existencialistas, el Ser y el Espíritu (razón) no son las manifestaciones últimas de la realidad ya que ellas mismas están contenidas y dependen de algo. Este algo es la Existencia, Ser y Espíritu dependen de la existencia del hombre.

¿Que son el Ser y el Espíritu antes que el hombre nazca y después que el hombre muera?, según los existencialistas son absolutamente nada.

Existe la Existencia ya que es en esta existencia y solo en ella, donde se dan todos los problemas de la filosofía: el del Ser (universo exterior), el del espíritu (conciencia, alma, yo) y el de la Trascendencia (Divinidad). Al resolver el problema de la existencia del hombre quedan resueltos todos los demás problemas.

Esto fue planteado por primera vez por el pensador danés Soren Kierkegaard (1813-1855 e.v.) a partir del cual se formaron en Europa los diversos existencialismos:  Bediaeff y Chestov (rusos),Jaspers, Barth y Heidegger (alemanes), Marcel, Bataille y Camus (franceses) y Unamuno & Ortega y Gasset (españoles).

Sartre niega la trascendencia (es ateo) y proclama la libertad del hombre y asegura que la conciencia es irreductible a todo fenómeno cósmico.

Su punto de partida es “lo puro existente”.  Esto es lo que queda de las cosas cuando las despojamos de la etiquetas puestas por el hombre. Por ejemplo, a una mesa la despojamos de la palabra mesa, de su utilidad habitual o de lo que nos pueda sugerir su materialidad, entonces nos enfrentamos ante lo puro existente de la mesa, algo que no guarda analogía con nada, que no tiene sentido, algo que nos desconcierta y nos desazona. Lo puro existente es el límite de lo pensable y el limite de lo pensable nos enfrenta con el misterio de las cosas. “Es un monstruo filosófico que el hombre trata de olvidar por ello el hombre se refugiará etiquetando todo lo existente.

¿Que posición toma el hombre frente a la puro existente de las cosas? Un lugar más trágico aún: ya que a las cosas uno puede asignarles un destino pero al hombre ¿Quién le asigna un destino? Nadie ni nada responde Sartre. El único que puede asignárselo es él mismo. Y al tratar de asignárselo, el hombre se da cuenta de que es embriagadoramente libre para organizar ese su destino de hombre.

¿Cómo hacerlo? Es aquí donde aparece la angustia sartriana. Angustia que surge de la responsabilidad que siente el hombre, frente a la libertad absoluta y total de que dispone para orientar su vida. De esta forma la Libertad lejos de ser un logro, se presenta como una fuente de angustia metafísica de la cual según Sartre el hombre procura escapar adoptando posturas ficticias, inauténticas como profesional como hombre de sociedad, actitudes que ahogan su libertad.

 

III.    CONCLUSIONES

 

  1. El Evangelio de San Juan comienza con: “En el Principio es el Verbo”… Nada es si no se lo distingue, si no hay una acción, un verbo que lo saque de la nada. La esencia del hombre esta sintetizada en su acción que a su vez está ligada  al conocer por medio de la razón como faro inspirador (“cogito ergo sum”: Pienso, luego existo de Descartes).
  2. El existencialismo, nos indica que la forma de conocer nuestro destino es por medio de la existencia y solo en ella. Pero al enfrentarnos a ella nos percatamos de nuestra embriagadora libertad que nos llevaría a la angustia sartriana la cual el hombre evita a toda costa por medio de una vida inauténtica donde ahoga dicha libertad.
  3. El existencialismo nos indica que solo en la existencia tenemos la posibilidad de evolucionar. Sin embargo la libertad que descubre el ser humano es una gran responsabilidad que lleva a los existencialistas a la angustia sartriana. A los masones esa responsabilidad nos debe llevar a tomar una posición autentica y positiva intra y extra muros que nos abra un mundo de posibilidades de trabajar por la gran obra masónica de fraternidad universal partiendo por nuestros hogares y lugar de trabajo (aquí y ahora).
  4. La posición científica de las investigaciones de cómo conoce el ser humano de los profesores H. Maturana y F. Varela nos incitan a desprendernos de prejuicios y a romper con paradigmas enraizados en nuestra sociedad, con el objetivo de mesurar nuestras posiciones intransigentes que nos están llevando al precipicio como especie .
  5. La autorreflexión nos debe mostrar la luz permanentemente para perfeccionarnos en ser mejores obreros de paz y fraternidad. Esta acción (trabajo) que nos define como hombres debe ser practicada constantemente por la meditación (cámara de reflexión interna) como también en la acción en nuestro ambiente (constructores de catedrales de fraternidad).
  6. El individuo es una manifestación efímera y particularizada de la especie, que es la que posee una vida más extensa ligada a la gran vida universal. Debemos identificarnos con lo que perdura, para vivir una vida superior y durable. Debemos superar las mezquindades de nuestro Yo, y aplicarnos a pensar, sentir y desear humanitariamente.
  7. Por haber comido la fruta prohibida, nuestros “primeros padres” fueron condenados al trabajo. Nosotros como hombres iniciados (que comemos del fruto del “árbol del conocimiento” permanentemente) al seguir el camino espiral ascendente del aspirante a masón, como un Obrero inteligente, trabajaremos para el mejoramiento interior y para la construcción del templo personal interior y el templo fraternal universal hasta que seamos llamados a decorar el Oriente Eterno.

ASI SEA.

JPB

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